lunes, 3 de noviembre de 2014

YIN y YANG


Todo cambia constantemente en el Universo. Cada día sentimos el resultado de este movimiento incesante: la noche da lugar al día, la actividad al descanso, la juventud a la vejez, la vida a la muerte y la muerte al renacimiento. La comprensión de los cambios que gobiernan nuestras vidas y el entorno natural, y el reconocimiento de la interrelación de las tendencias opuestas, pero complementarias, nos ayuda a alcanzar la harmonía física y mental.

La forma de practicar a diario este principio universal fue enseñada por Lao Tse, Confucio, Buda, Moisés, Jesús, Mahoma y otros grandes pensadores de la historia. Comprender este sencillo principio y vivir conforme a sus leyes básicas es el mejor camino hacia una salud perfecta y a una larga vida. Este principio también es conocido como Principio Unificador – las fuerzas antagónicas se complementan y forman una unidad.

Yin y Yang en la macrobiótica

El principio del YIN y del YANG es el fundamento filosófico de la macrobiótica. Esta se centra en la dinámica del yin y el yang en la vida diaria.

YIN es el nombre dado a la energía o movimiento que tiene una dirección centrífuga (o hacia afuera), EXPANSIVA. Así, la difusión, la dispersión, la expansión y la separación son todas tendencias yin. El YANG, por el contrario, denota la energía o movimiento que tiene dirección centrípeta o hacia adentro, y da lugar a la CONTRACCIÓN; la fusión, la reunión, contracción, y la organización son tendencias yang.

Estas fuerzas, Yin y Yang, son las más básicas y primarias, y se usan en toda la creación. Todo movimiento, formación, cambio e interacción puden entenderse en términos de ecuación yin y yang.

En el mundo que nos rodea, el sol, el día, el calor y el verano muestran tendencias yang, mientras que la luna, la noche, el frio y el invierno reflejan cualidades yin. En el cuerpo humano podemos observar el funcionamiento yin y yang en  la contracción de los pulmones y del corazón, o en el estómago y el intestino durante la digestión. Al ser activos, los animales (incluidos los humanos), son más yang que las plantas, que están paradas.

Los alimentos vegetales yin, acuosos, refrescantes, crecen en climas yang, calientes, mientras que los alimentos vegetales más yang crecen en climas más yin, templados. En el momento en el que comprendemos que nuestros alimentos afectan a nuestra adaptabilidad al clima o a las condiciones locales, se nos hace más comprensible la importancia del equilibrio. Todos seguimos, en cierta medida, nuestro instinto natural para mantener el equilibrio: cuando tenemos frio, nos calentamos; cuando hace calor, buscamos la forma de refrescarnos. El verano nos trae comidas más ligeras y frías, y menos cocidas; el invierno comidas más pesadas y más hechas.

La macrobiótica nos ayuda a ser más conscientes de la necesidad de consumir los alimentos de nuestro entorno local. También nos muestra cómo cocinar y preparar estos alimentos en armonía con nuestras necesidades y condiciones inmediatas.

Cuando comemos alimentos desarmonizados con nuestras necesidades corporales, como huevos, carnes y quesos muy salados (todos  yang), creamos un apetito igual y opuesto de azúcar, especias fuertes o estimulantes, hierbas o condimentos, café, alcohol, helados, y frutos tropicales (todos yin), en un intento de equilibrar nuestro estado físico o mental. Los extremos de uno y otro lado – alimentos muy yang o muy yin, destruyen las bases de una buena salud y llevan a la  enfermedad.

Todos los desequilibrios físicos y mentales pueden explicarse como causados por exceso de yin, exceso de yang, o una combinación de yin y yang excesivos al elegir los alimentos, la actitud y el estilo de vida.

La dieta macrobiótica normalmente lleva una combinación de cereales integrales, vegetales, legumbres y alimentos suplementarios adaptada para satisfacer las necesidades del individuo y de su salud (sanación).

 ( del Libro Macrobiótica Moderna – Simon G. Brown)

 

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