Todo cambia constantemente en
el Universo. Cada día sentimos el resultado de este movimiento incesante: la
noche da lugar al día, la actividad al descanso, la juventud a la vejez, la
vida a la muerte y la muerte al renacimiento. La comprensión de los cambios que
gobiernan nuestras vidas y el entorno natural, y el reconocimiento de la
interrelación de las tendencias opuestas, pero complementarias, nos ayuda a
alcanzar la harmonía física y mental.
La
forma de practicar a diario este principio universal fue enseñada por Lao Tse,
Confucio, Buda, Moisés, Jesús, Mahoma y otros grandes pensadores de la
historia. Comprender este sencillo principio y vivir conforme a sus leyes
básicas es el mejor camino hacia una salud perfecta y a una larga vida. Este principio
también es conocido como Principio Unificador – las fuerzas antagónicas se
complementan y forman una unidad.
Yin y Yang en la macrobiótica
El principio del YIN y del
YANG es el fundamento filosófico de la macrobiótica. Esta se centra en la dinámica del yin y el
yang en la vida diaria.
YIN
es el nombre dado a la energía o movimiento que tiene una dirección centrífuga
(o hacia afuera), EXPANSIVA. Así, la difusión, la dispersión, la expansión y la
separación son todas tendencias yin. El YANG, por el contrario, denota la
energía o movimiento que tiene dirección centrípeta o hacia adentro, y da lugar
a la CONTRACCIÓN; la fusión, la reunión, contracción, y la organización son
tendencias yang.
Estas
fuerzas, Yin y Yang, son las más básicas y primarias, y se usan en toda la
creación. Todo movimiento, formación, cambio e interacción puden entenderse en
términos de ecuación yin y yang.
En
el mundo que nos rodea, el sol, el día, el calor y el verano muestran
tendencias yang, mientras que la luna, la noche, el frio y el invierno reflejan
cualidades yin. En el cuerpo humano podemos observar el funcionamiento yin y
yang en la contracción de los pulmones y
del corazón, o en el estómago y el intestino durante la digestión. Al ser
activos, los animales (incluidos los humanos), son más yang que las plantas,
que están paradas.
Los
alimentos vegetales yin, acuosos, refrescantes, crecen en climas yang,
calientes, mientras que los alimentos vegetales más yang crecen en climas más
yin, templados. En el momento en el que comprendemos que nuestros alimentos
afectan a nuestra adaptabilidad al clima o a las condiciones locales, se nos
hace más comprensible la importancia del equilibrio. Todos seguimos, en cierta
medida, nuestro instinto natural para mantener el equilibrio: cuando tenemos
frio, nos calentamos; cuando hace calor, buscamos la forma de refrescarnos. El
verano nos trae comidas más ligeras y frías, y menos cocidas; el invierno
comidas más pesadas y más hechas.
La
macrobiótica nos ayuda a ser más conscientes de la necesidad de consumir los
alimentos de nuestro entorno local. También nos muestra cómo cocinar y preparar
estos alimentos en armonía con nuestras necesidades y condiciones inmediatas.
Cuando
comemos alimentos desarmonizados con nuestras necesidades corporales, como
huevos, carnes y quesos muy salados (todos yang), creamos un apetito igual y opuesto de
azúcar, especias fuertes o estimulantes, hierbas o condimentos, café, alcohol,
helados, y frutos tropicales (todos yin), en un intento de equilibrar nuestro
estado físico o mental. Los extremos de uno y otro lado – alimentos muy yang o
muy yin, destruyen las bases de una buena salud y llevan a la enfermedad.
Todos
los desequilibrios físicos y mentales pueden explicarse como causados por
exceso de yin, exceso de yang, o una combinación de yin y yang excesivos al
elegir los alimentos, la actitud y el estilo de vida.
La
dieta macrobiótica normalmente lleva una combinación de cereales integrales,
vegetales, legumbres y alimentos suplementarios adaptada para satisfacer las
necesidades del individuo y de su salud (sanación).
( del
Libro Macrobiótica Moderna – Simon G. Brown)
Muy interesante, ¡gracias!
ResponderEliminarGracias a ti! Seguiré publicando!
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